11.7.17

Por la secreta escala 07.17



Por la secreta escala 07.17
Julián Valle 2017
Carbón, grafito y pastel  s. papel
Khadi-Sunn Hemp 

63 x 80 cm


Continúo con otra pieza con las bandas laterales. __Se abre y se continúa en el cielo y en el suelo, en el agua. __El árbol es el axis mundi y la secreta escala. __Se pueden ver otros árboles caídos o secos. __El reflejo también conecta los tres mundos. __Hay una luz crepuscular que penetra entre las ramas y se extiende como una alfombra por el suelo. __Hay un viento ligero que mueve la copa de algunos árboles. __Hay ramas muertas y secas. __Y plantas que germinan. __El canto de los pájaros. __El compás de espera.



 I hear the water dreaming

Tōru Takemitsu (1987)

Hiroshi Koizumi, flauta
Tokyo Metropolitan Symphony Orchestra 

D. Ryusuke Numajiri.

28.6.17

Por la secreta escala_El tejido del mundo



 Cuaderno de La piel como un río (2015-    )

Hay una trama de la que forma parte nuestro cuerpo, nuestra visión se hace ahí, y se hace visible. Maurice Merleau-Ponty nos dice que queda fundido el que siente con lo sentido.

Visible y móvil, mi cuerpo está en el número de las cosas, es una de ellas, pertenece al tejido del mundo y su cohesión es la de una cosa. Pero, puesto que ve y se mueve, tiene las cosas en círculo alrededor de si, ellas son un anexo o una prolongación de él mismo, están incrustadas en su carne, forman parte de su definición plena y el mundo está hecho con la misma tela del cuerpo (…) la visión está presa o se hace en el medio de las cosas; allí donde un visible se pone a ver, se vuelve visible para sí y por la visión de todas las cosas, allí donde persiste, como el agua madre en el cristal, surge la indivisión del que siente y lo sentido.[i]

El cuerpo vivido. Y en El matrimonio del cielo y el infierno dijo antes William Blake que

…el hombre no tiene un cuerpo distinto de su alma. Aquello que llamamos cuerpo es una porción de alma percibida por los cinco sentidos, pasajes principales del alma en esta edad.

En la práctica del arte, en la práctica de la pintura, y más en esta experiencia del paisaje es necesario un abismarse en lo representado…hasta llegar a ser uno con ello. Es una experiencia más allá de lo visible. No es sólo una cuestión meramente visual: téngase en cuenta que en esta experiencia entran en juego todos los sentidos: las obras de arte que antes que nada son objeto de contemplación contienen “ecos” de otras experiencias sensoriales transmitidas por la visión. Se podría decir que el arte es una especie de destilación de esencias. Poco a poco se va entendiendo que quería decir el pintor Calabaza Amarga  en sus Palabras sobre la pintura[ii].  Dice Shitao en El paisaje, capítulo VIII:

Hace cincuenta años, mi yo aún no había trabado conocimiento con los montes y ríos, no porque estos fueran valores desdeñables, sino porque los dejaba existir por si solos. Ahora los montes y los ríos me encargan que hable por ellos; han nacido en mí y yo con ellos. 

Para acercarse a esta experiencia, y creo que es algo común a todo el arte como vía de conocimiento de las cosas, es necesario ser cóncavo. ¿Qué se quiere decir con esto? Aquí tomo prestada una palabra del pintor y escritor Ramón Gaya que define con exactitud lo que el arte no debe ser. Dice Ramón Gaya que “el arte no es un cuerpo” (…) “sino es una existencia cóncava” y “el artista es, necesariamente, un hombre que resta”[iii]

También es necesario que la obra sea nuestra propia extensión, que sea un reflejo, no sólo de uno mismo, sino de lo existente: lo dicho anteriormente por Shitao no es una imagen poética, es algo real, o mejor dicho, es realmente poético. Porque contrariamente a lo que se entiende por poético, éste no es mera forma, adorno prescindible para que una realidad no sea roma. Es, en cambio, un lenguaje esencial, primigenio, profundo. Heidegger dice que es una manifestación de la verdad, es dar nombre a las cosas, con esa resonancia que nos recuerda el primer Libro de la Biblia: el Génesis. 

El dibujo podría ser también otra forma de nombrar: en el blanco del papel aparece la línea como aparece una voz, existe lo que antes no existía, no interesa tanto la descripción, o el gesto, es el descubrir de una verdad que está fuera y a la vez dentro. Un revelador juego de reflejos en el que se funde y se desvela la mirada y el objeto visto, es el reflejo de un reflejo. Eco de un eco de ese arte que -como leíamos antes en Gaya- ha dejado de ser cuerpo y es por fin cóncavo. Y esa concavidad podría ser el umbral de aquello que para Lao Tse es Femenino Misterioso; dice el Tao Te King:

Permaneciendo como hilos de araña, sólo tiene un indicio de existencia; más cuando bebe de ésta, resulta inagotable.[iv]


Por la secreta escala 06.17
Julián Valle 2017
Carbón y grafito s. papel
Khadi-Sunn Hemp 
63 x 80 cm


Cómo encontrar esta manantial que brota y, cóncavo, se sume: volvemos de nuevo a El ojo y el espíritu:

Ahora bien, desde que se da este extraño sistema de intercambios, ahí están todos los problemas de la pintura. Ellos ilustran el enigma del cuerpo que la pintura justifica. Ya que las cosas y mi cuerpo están hechos con la misma tela, es necesario que su visión se haga de alguna manera en ellos, o que su visibilidad manifiesta se duplique con una visibilidad secreta: “la naturaleza está en el interior”, dice Cézanne. Cualidad, luz, color, profundidad, que están ahí ante nosotros, están ahí porque despiertan un eco en nuestro cuerpo, porque éste los recibe.[v]


[i] Merleau-Ponty, M. El ojo y el espíritu. Barcelona: Ediciones Paidós Ibérica. 1986. P.17.
[ii] Shitao. Palabras sobre la pintura. Granada: Universidad de Granada. 2012.
[iii] Gaya, R. Obra completa, tomo I. Valencia: Pretextos. 1999. p.59.
[iv] Lao Tse, Tao The King: Capítulo VI. Barcelona: Círculo de Lectores / Edaf. 2008. P. 21.
[v] Merleau-Ponty, M. El ojo y el espíritu. P.18-19.

Por la secreta escala 17.05 y 17.06



Por la secreta escala 05.17
Julián Valle 2017
Carbón y grafito s. papel Khadi-Sunn Hemp
63 x 80 cm


Por la secreta escala 06.17
Julián Valle 2017
Carbón y grafito s. papel
Khadi-Sunn Hemp 
63 x 80 cm

Por la secreta escala_01,02,03,04.

Por la secreta escala. Eremitorios imaginados.


  
Por la secreta escala 17.01
Julián Valle 2017 
Carbón y grafito sobre papel Khadi-Sunn Hemp
62 x 80 cm.


  
Por la secreta escala 17.02
 Julián Valle 2017
Carbón y grafito sobre papel Khadi-Sunn Hemp
62 x 80 cm.



Por la secreta escala 17.03
Julián Valle 2017 
Tinta y nogalina sobre papel Khadi-Sunn Hemp
62 x 80 cm.




Por la secreta escala 17.04
Julián Valle 2017 
Carbón y nogalina sobre papel Khadi-Sunn Hemp
62 x 80 cm.

3.4.17

Eremitismo rupestre: el Cuevatón de Cezura Palencia-Cantabria.



Un hombre que se retira de la sociedad deja dificilmente su huella en la historia. 
Fray Justo Pérez de Urbel
[1]

Las huellas del eremitismo rupestre en España no son tan espectaculares como las de esos prósperos monasterios que algunas veces fueron continuadores de un primitivo cenobio. Un cenobio, del latín coenobĭum (derivado a su vez del griego-bizantino koinóbion “vida en común”) con cuevas, o cobertizos, a modo de "celdas" independientes que podían tener espacios de uso común, éste podía ser el caso del complejo rupestre de Cezura del que hablaremos más adelante. 
Las construcciones asociadas al eremitismo son de una pobreza y sobriedad extremas, incluso en el caso de las -posibles- iglesias, los detalles se limitan a bancos corridos, la posibilidad de ábsides dobles o triples con sencillos arcos, bóvedas rústicas, encajes en la piedra para un iconostasio, contraábsides, algún grabado (normalmente diferentes tipos de cruces) y poco más. Y en el caso del conjunto motivo de esta entrada, no se conservan indicios de una construcción con la función de iglesia aunque cabe la posibilidad de que haya podido desaparecer con los derrumbes. Y aún no está localizada la necrópolis que puede estar asociada al lugar: hay un tupido manto vegetal que posiblemente lo oculta.

Este movimiento espiritual se inicia en la península ibérica más tardíamente que en otros lugares, aproximadamente en la época de dominación visigoda, ss.V-VI (hay una data en la iglesia rupestre de San Martín de Villaren que sitúa su fundación o reforma en el año 587 d.C.) y se diluye en la época románica, ss. XI-XII a la par de la "llamada al orden" y la regulación de la vida monástica: por tanto los de aquí son altomedievales. En la zona norte de España, y especialmente en la parte alta del valle del río Ebro, y sus afluentes, hay una gran densidad de eremitorios o posibles eremitorios rupestres. Algunas veces la cueva eremítica será el núcleo fundador de un monasterio cercano, dándose el paso desde el monacato espontáneo sin orden jerárquico (con hombres y mujeres retirados -o en cenobios- y dedicados a la oración y la penitencia) al monasterio sujeto a una regla y jerarquía. 

El Cuevatón visto desde el pueblo de Cezura


Estos eremitorios con restos poco visibles, en cambio, ofrecen -en muchos casos- un entorno que no ha sido excesivamente alterado por el paso de los siglos, algo que sí sucede en los monasterios. Contemplamos los escasos restos materiales de unos hombres y mujeres cristianos –clérigos o laicos- que se retiraron a estos “desiertos”, y optaron por vivir en soledad, aislados, para lograr un más elevado grado de ascesis. Un modo de vida anacorética o semianacorética con origen muy lejano, en el valle y delta del río Nilo. Como la del centenario San Antonio Abad (251-356) que “alcanzó una enorme popularidad en la segunda mitad del siglo IV en todo el mundo cristiano a raíz de la publicación por el obispo Atanasio de Alejandría de una Vida griega de Antonio[2] traducida al latín y a otras muchas lenguas posteriormente. Nuestro San Antón sería el primero y uno de estos llamados Padres o Madres del Desierto: como Santa María Egipcíaca o San Pablo de Tebas.
La influencia de este modo de vida espiritual -y también de sus sencillas construcciones- procede también de lugares tan lejanos como la Tebaida egipcia, Siria o la Capadocia turca. Por ello algunas zonas en nuestro país son nombradas como la Tebaida berciana, en León... o la Capadocia ibérica en el alto valle del Ebro.

Este complejo rupestre que aquí véis -El Cuevatón- se encuentra entre Helecha de Valdivia y Cezura: un enclave palentino en Cantabria. 





Encontramos un indicador junto a la carretera, la línea divisoria regional pasa prácticamente por el roquedo donde se encuentra esta impresionante cueva natural. 



Aunque la mayor parte de las cuevecillas excavadas han desaparecido al desplomarse casi la totalidad de este complejo rupestre aún se puede apreciar, a gran altura, restos de algunas de ellas, de sus cámaras, o de sus cubiertas abovedadas. Aún se mantienen -casi al exterior- dos pequeñas cuevas “inaccesibles, con sus puertas trapeciales, ampliándose hacia abajo, y sus ángulos redondeados”[3].


Y una última colgada, continuando el roquedo hacia el NE accesible con cuerdas y que al parecer tiene dos espacios separados con un murete y bóveda de horno rebajada. 
Hubo más cuevas aparte de las que dejaron su impronta y las que aún se conservan. 
Lo podemos imaginar como un conjunto de pequeñas cuevas en diferentes alturas, posiblemente comunicadas unas con otras por escaleras o pozos. 

Al fondo de la gran cueva, hay un espacio –probablemente- de uso común: un estanque de 400 x 740 y 80 cm de profundidad con un canal de desagüe para el agua sobrante que posiblemente manaba del fondo húmedo de la cueva. Hay que fijarse lo cuidadosamente talladas que están sus paredes.

Se pueden apreciar aquí las huellas de la herramienta en las bóvedas de las cuevas a pesar del derrumbe: como vemos en la imagen que sigue donde se ven parte de dos de ellas.












Afortunadamente existe una visión del lugar fotografiada en photo sphere para que lo podáis disfrutar: 
vista 360º google maps

Aunque nada es comparable al estar allí, con el aroma del monte, el silencio, las nubes que pasan, la visión del valle, trufado aquí y allá con el canto de los pájaros.






[1] Pérez de Urbel, J. El eremitismo en la Castilla primitiva. En España eremítica. ANI.,I. Pamplona, 1970.
Justo Pérez Santiago, que posteriormente firmaría como Fray Justo Pérez de Urbel y Santiago O.S.B. (Pedrosa de Río Úrbel, Burgos, 1895- Valle de los Caídos, Cuelgamuros, 1979) fue un clérigo y medievalista español, miembro de la Orden Benedictina, primer abad del monasterio de la Santa Cruz del Valle de los Caídos. (wiki)

[2] Acerbi, S. y Teja R. En las raíces del eremitismo cristiano: la vida en el desierto concebida como conquista del cielo en la tierra, En Monacato espontáneo. Eremitas y eremitorios en el mundo medieval. Fundación Sta. Mª la Real. C.E.R., Aguilar de Campoo, Palencia, 2011.

[3] Monreal Jimeno L.A. Eremitorios rupestres altomedievales (El alto valle del Ebro) Universidad de Deusto, Bilbao, 1989.